martes, 25 de noviembre de 2014

El modelo educativo de la UNAH y la participación estudiantil


El modelo educativo define la orientación y la esencia de cualquier institución de carácter académico; por tanto, es fundamental, mucho más si se trata de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, responsable por mandato constitucional de organizar y dirigir la educación superior. De allí que los constructores de la reforma universitaria fueran muy cuidadosos en cuanto a asegurar el consenso sobre los fundamentos y la metodología para definir un modelo concebido como pieza clave en el camino trazado hacia 2015 y 2025.

Si bien en el documento se reconoce que “teóricamente, el modelo es ideal y abstracto” y “no podrá ser reproducido de manera fiel ya que la realidad es contradictoria y compleja”, también se declara enfáticamente que el modelo “permite adoptar una posición, tener una opción frente a los diferentes paradigmas en forma clara, permite también orientar la práctica” (UNAH, 2009. Serie de Publicaciones de la Reforma Universitaria No. 3, El modelo educativo de la UNAH, p. 23).

Y la posición que traza el modelo educativo de la UNAH es clara cuando establece que “su centro de atención son las y los estudiantes, y los docentes se convierten en mediadores pedagógicos”. Plantea, además, “el desarrollo de la capacidad de análisis, la reflexión y la confrontación como parte de la responsabilidad social y política (…) garantizando un diálogo permanente a fin de determinar las necesidades reales de la sociedad nacional y los compromisos concretos que se asumen para su solución” (ídem, p. 24).

Hoy, cinco años después de la definición del modelo educativo de la UNAH, la institución ha logrado avances significativos tanto en el fortalecimiento institucional como en las mejoras académicas. Sin embargo, hay un vacío en lo que respecta a la aplicación del modelo educativo y al papel mismo de la universidad como gestora de las profundas transformaciones que el país requiere para construir una sociedad más justa y equitativa. Ese vacío es la falta de participación estudiantil.

Desapareció la Federación de Estudiantes Universitarios, que había perdido su condición de organización estudiantil para convertirse en feudo de políticos profesionales aliados con autoridades involucradas en casos de corrupción y de violaciones a los derechos humanos; desapareció también no solo la paridad estudiantil, sino el derecho elemental de los estudiantes a contar con una representación para velar por sus intereses y participar en el proceso de reforma, no de forma simbólica o decorativa, sino real.

Esta falta de representación ha traído como consecuencia la inconformidad estudiantil debido a que se toman decisiones que les afectan, ya sea de tipo académico o administrativo, sin contar con ningún espacio donde sus opiniones sean verdaderamente consideradas. Los frentes estudiantiles tradicionales, lejos de fortalecer a la organización estudiantil universitaria, la han debilitado al reproducir exactamente los mismos vicios de los partidos políticos a los que representan.

Sin embargo, no se puede desconocer que hay importantes sectores estudiantiles cuyas acciones demuestran preocupación y conciencia en lo que concierne a su entorno social y académico. En la UNAH Valle de Sula un considerable sector del estudiantado se ha organizado por su propia cuenta en asociaciones por carrera y desde allí ha presentado a las autoridades universitarias un planteamiento muy bien fundamentado donde —dicho sea de paso — en ninguna parte hay oposición a la elevación del índice académico mínimo; por el contrario, lo que se propone es aplicarlo gradualmente y a la vez mejorar las condiciones físicas y académicas, especialmente la preparación docente.

De acuerdo con informaciones periodísticas, pende una amenaza de sanciones que podrían llegar hasta la expulsión tanto en el caso de dirigentes estudiantiles del Valle de Sula como de Ciudad Universitaria, donde seis estudiantes han sido llamados a audiencias de descargo por haber participado en un movimiento que implicó la toma temporal de algunos edificios.  

La respuesta a las demandas estudiantiles en ambos casos no puede ser la aplicación a rajatabla de unos reglamentos emitidos mucho antes de la definición del nuevo modelo educativo de la UNAH y cuyo carácter, por tal razón, es más represivo que formativo. Porque, como ya lo dijo el maestro Ventura Ramos, “cuando el disentimiento de la juventud se manifiesta en el reclamo de un mejor nivel académico, los jóvenes no están alterando el orden, porque este no equivale a pasividad y mucho menos a sumisión o renuncia a enjuiciar a sus mentores”.


Tegucigalpa, 19 de noviembre de 2014. 

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