jueves, 30 de abril de 2015

Poema a Lorenzo Zelaya

Fotografía de Lorenzo Zelaya tomada de archivos policiales.
Fuente: Honduras Laboral
Lorenzo Zelaya, Hermelindo Villalobos, Rufino López, Benito Díaz, Aquileo Izaguirre, Benedicto Cartagena y José María Izaguirre, eran campesinos hondureños que se alzaron en armas contra el golpe de Estado de 1963 y fueron masacrados por el ejército el 30 de abril de 1965, hecho que históricamente se recuerda como la masacre de El Jute.

En 1983, cuando tenía 23 años, escribí el poema que transcribo a continuación, del que solo eliminé algunas líneas por considerar que sobraban. Mi amigo Gustavo Irías lo encontró entre viejos papeles y hoy 30 de abril, 50 aniversario de la masacre de los mártires de El Jute, lo publicó en su cuenta de Facebook y además tuvo la gentileza de transcribirlo y enviármelo. Ni qué decir tiene lo grato que fue para mí recuperar un poema del que no conservaba copia. 

Más o menos de la misma época es mi poema "Comandante Guevara", que se imprimió en afiche en los años en que fundé y dirigí mi primer proyecto editorial. Tampoco tengo copia de ese poema. Espero que alguna amiga o amigo generoso se tome la molestia de copiarlo cuando lo encuentre por allí y enviármelo.

Mientras tanto, comparto estas líneas como un humilde homenaje a la memoria de los mártires.


Lorenzo Zelaya

Yo quería conversar con vos,
Lorenzo, y contarte algo
de lo que estamos haciendo.
Pero me pongo a pensar
y a fin de cuentas
no hay nada de estas cosas
que estamos construyendo
que vos no hayas soñado
cuando subiste a la montaña
decidido a echar verga
para encender la luz más clara del mundo
en las ventanas de los rostros de los niños.

En la costa norte de Honduras
hay muchas maneras de morir.

Vos no te quisiste morir
de la picadura del barba,
de paludismo,
de puñalada o tiro de revólver
en una reyerta de cantina,
ni venadeado en un cruce de caminos
ni borracho en la línea del tren
ni solo
colgado de una cruz
como otros tantos solos
que no saben que son fuertes
si juntaran las hambres,
los hijos, las  miserias,
los “no puedo”, los “por qué”,
los “que Dios quiera”,
las esperanzas clandestinas,
los odios, la ternura.

Vos escogiste el camino
donde la muerte es un accidente
pero no el término del viaje,
prolongaste tu cuerpo
hasta heredarnos
tu inmensa sed de vida
que nos nutre, nos da el derecho de ser parte
de esta llama de América
y no decirte nada
porque para qué, hermano,
si vos sos nuestra punta de vanguardia.

María Eugenia Ramos
(1983)