lunes, 18 de mayo de 2015

En memoria de Andrés Manuel Carrasco Parada

Foto tomada de Facebook.
Andrés Manuel Carrasco Parada tenía 29 años. Quienes lo conocieron, entre ellos mi hija, saben que era inteligente, leal, cariñoso, entusiasta, generoso, sensible. Su familia, sus amigos, sus compañeros, sus profesores, lo querían y respetaban. No bebía, no fumaba, no tenía enfermedades conocidas. No podemos creer que se haya quitado la vida, pero lo hizo; o al menos eso se piensa, aunque quizás no fue así. Tendemos a asociar toda muerte con la oscuridad, pero esta es aún mucho más oscura. No sabemos el porqué, ni tenemos una nota o antecedente previo, así que cabe preguntarnos si alguien más nos lo quitó.

Me duele muchísimo porque siento como propio el dolor de mi hija, con quien eran amigos muy cercanos. Me duele porque era alguien que daba luz a los demás y sin duda tenía muchísimo más que dar. Veo el dolor de mi niña y el de las muchachas y muchachos que fueron sus compañeros en el Instituto Jean Piaget, que formaron parte con él de su primera promoción de bachilleres, promoción de oro.

Espero de todo corazón que algún día se sepa qué pasó, y cualquiera que esté involucrado reciba el castigo que merece. Pero, si se quitó la vida, de ninguna manera me atrevería a juzgarlo ni a condenarlo por su decisión; primero, porque no tengo autoridad moral para juzgar a los demás, especialmente a un ser humano valioso como lo fue él; segundo, porque no tengo telarañas religiosas que me hagan santiguarme y creerme superior; tercero, porque soy respetuosa del derecho ajeno, lo que incluye el derecho a vivir la vida o renunciar a ella.

Buen viaje, Andrés Manuel. No importa si no conversamos más que unas pocas veces, en estos últimos minutos siento que he llegado a apreciarte y quererte como si fuera de tu promoción piagetista.


12 de mayo, 2015.