De este país y de estas gentes



DE ESTE PAÍS Y DE ESTAS GENTES

Como un norte helado y cruel
el dolor ha caído brutal
sobre este tiempo y estas gentes.
Las tierras ávidas, las mesas de trabajo,
las mujeres encinta
han desaparecido
bajo una lluvia sucia de hojas disecadas y
animalitos muertos.

En todos los pasillos
cientos de espejos rotos
reproducen el polvo.
A juzgar por la imagen que devuelven
ningún hombre está sano.
Solo aparecen rostros incompletos,
ojos llenos de furia,
bocas incapacitadas para el beso,
frentes donde todos los pensamientos
mueren sin pasar de embriones.

El odio se distribuye en panes por las mesas. 
No hay sitio para la sal
y el café de las mañanas
tiene un sedimento amargo.

Son los pobres de luna,
los mendigos del ojo solitario,
los impotentes, los maniáticos,
 los que hoy deciden
sobre la restauración de catedrales,
el curso de los ríos
y la conveniencia del amor.

Estar vivo
y ser de este país y de estas gentes
no es alegre ni triste, sino necesario.
Ser fiel a las raíces,
seguir creyendo en la posibilidad de la esperanza,
es el único modo de sobrevivir
a la miseria de este tiempo.

(De Porque ningún sol es el último, Ediciones Paradiso, Tegucigalpa, 1989.)

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2 comentarios:

Andrea Portillo dijo...

Definitivamente es uno de mis favoritos. En el 89 era una niña, ahora ya no lo soy, sin embargo me provoca conmoción ver como después de 23 años las cosas de este país y en estas gentes, no han cambiado casi nada.

Maria Eugenia Ramos dijo...

No perdamos la esperanza de que de algún modo podremos cambiar las cosas, especialmente si trabajamos con la niñez y la juventud.